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Pensar el shopping como espacio comercial implica asumir, sin rodeos, que la transacción es parte constitutiva de su razón de ser. Pero también comprender que, en el contexto actual, lo comercial se sostiene cada vez más desde la calidad de la experiencia que rodea al acto de compra. En esa intersección —donde negocio, diseño y vínculo social dialogan— se inscribe la mirada de Pablo Peralta Ramos, director de El Solar de la Abadía y Recoleta Urban Mall.

Desde su rol, plantea una idea clara: la experiencia de shopper no es un agregado posterior, sino una decisión estratégica que se diseña desde el origen. Esa decisión atraviesa la arquitectura, la operación cotidiana, el vínculo con el entorno urbano y la manera en que el shopping se inserta en la vida diaria de las personas. Deja de pensarse como un espacio cerrado para convertirse en una plataforma viva, abierta y en diálogo permanente con su contexto.

Esta visión se construye de manera articulada con Jimena Rosales, responsable de Marketing, quien aporta una lectura estratégica sobre cómo esas definiciones se traducen en experiencia concreta. Desde la programación de contenidos y activaciones hasta la relación cotidiana con marcas y públicos, trabaja sobre una premisa compartida: el shopping no es solo un lugar al que se va, sino un espacio al que se vuelve. Y esa repetición —tan valiosa desde lo comercial— se construye desde la coherencia entre lo que el espacio propone y lo que efectivamente ofrece.

El shopping como espacio comercial

Hablar de experiencia no implica correrse de lo comercial. Por el contrario: implica fortalecerlo. En la mirada de Pablo Peralta Ramos, el shopping sigue siendo un espacio de intercambio económico, pero ese intercambio se potencia cuando se inserta en un entorno que invita a permanecer, encontrarse y volver.

La experiencia no reemplaza la transacción: la sostiene en el tiempo. Y ese enfoque resulta especialmente relevante en un escenario donde el shopping compite no solo con otros formatos físicos, sino también con propuestas digitales que operan desde la conveniencia y la inmediatez.

Escuchar antes de diseñar

En el caso de El Solar de la Abadía, el punto de partida fue la escucha. Se trata de un shopping barrial, con fuerte relación de cercanía y una tasa de repetición alta. En la etapa posterior a la pandemia, el equipo decidió profundizar esa relación a partir de una investigación cualitativa orientada a comprender qué esperaba realmente el barrio en esa nueva etapa.

Ese trabajo estuvo a cargo de Guillermo Olivetto, referente en análisis de consumo y comportamiento social. La investigación permitió correrse de una lectura centrada solo en la oferta comercial para entender al shopping como espacio de uso cotidiano y de encuentro.

El resultado fue tan simple como revelador: más allá de nuevas marcas o locales, el barrio demandaba algo distinto. “Cañitas no tiene plaza, queremos un lugar para estar”. Un espacio para encontrarse, permanecer y apropiarse del lugar.

Ceder metros para ganar experiencia de shopper

Responder a esa demanda implicó una decisión concreta: ceder metros comerciales para crear un espacio común. Lejos de debilitar el proyecto, esa decisión fortaleció su identidad y su vínculo con la comunidad.

La creación de la plaza central —el Cubo— sintetiza esta forma de pensar. Transparencia, luz natural, integración con el entorno y flexibilidad de uso redefinen la manera de habitar el shopping. La experiencia deja de ser un concepto abstracto para convertirse en algo tangible, visible y cotidiano.

Sostenibilidad integrada al diseño

En El Solar, la sostenibilidad no aparece como relato, sino como sistema integrado al diseño y a la operación. Energía solar, recolección de agua de lluvia y tratamiento de efluentes forman parte de una lógica pensada desde el origen del proyecto.

Estas decisiones no solo impactan en la eficiencia del espacio, sino también en la percepción del shopping como un lugar alineado con valores contemporáneos, cada vez más relevantes para los públicos urbanos.

Permanecer, volver, pertenecer

La experiencia de shopper se construye en el tiempo. Permanecer más, volver con frecuencia y sentir el espacio como propio son indicadores que impactan directamente en lo comercial.

En El Solar, la plaza, la gastronomía y la programación de actividades generan una relación que va más allá de la visita puntual. Se construye pertenencia, una antesala del fandom, donde el shopping se integra a la rutina cotidiana del barrio.

Una experiencia concreta: PAW Patrol en la plaza

Durante las Fiestas, esta lógica se materializó en una activación concreta: la experiencia de PAW Patrol, desarrollada en la plaza central del shopping.

La propuesta funcionó como un dispositivo integrador: los chicos jugaron, dibujaron y participaron, mientras los adultos permanecían en el mismo entorno. Rodeada de locales, cafeterías y espacios gastronómicos, la plaza habilitó una experiencia compartida donde el tiempo se expandió y el consumo ocurrió de manera orgánica.

En ese contexto, la presencia de Osito Azul —marca especializada en el universo infantil y responsable de desarrollar y comercializar la propuesta PAW Patrol en Argentina— aportó coherencia y profundidad a la activación. Propuestas gastronómicas como Ninina y el propio Cubo reforzaron una dinámica donde juego, descanso, encuentro y consumo convivieron en un mismo espacio.

El rol de Marketing como traducción de la experiencia

En este entramado, el rol de Marketing es clave. Jimena Rosales trabaja sobre la traducción de estas decisiones en contenidos, activaciones y comunicación cotidiana. No se trata de “contar” una experiencia, sino de hacerla visible, legible y coherente para los distintos públicos.

La consistencia entre espacio, mensaje y vivencia es lo que permite que la experiencia no se diluya y sostenga su impacto en el tiempo.

Recoleta Urban Mall: otro contexto, otro ritmo

Si El Solar dialoga con la lógica barrial, Recoleta Urban Mall se inserta en un contexto urbano distinto, marcado por el flujo turístico, la centralidad y la diversidad de públicos.

Aquí, el desafío pasa por articular comercio, entretenimiento y ciudad. La propuesta se apoya en una curaduría de marcas, experiencias gastronómicas y contenidos culturales que acompañan el ritmo del barrio y su circulación constante.

La experiencia se construye desde la convivencia de usos: compras, ocio, turismo y encuentro urbano, en un espacio que funciona como extensión del entorno.

El shopping como plataforma urbana

Tanto en El Solar como en Recoleta Urban Mall, la mirada es clara: el shopping ya no es solo un contenedor de locales, sino una plataforma urbana donde comercio, experiencia y vida cotidiana se entrelazan.

En ese cruce, el shopping reafirma su vigencia como espacio físico, profundamente comercial, pero también profundamente humano.

La mirada de Pablo Peralta Ramos y el trabajo conjunto con Jimena Rosales muestran que pensar el shopping desde la experiencia no implica correrse del negocio, sino entenderlo en toda su complejidad contemporánea. Diseñar espacios donde la gente quiera estar, volver y encontrarse es, hoy, una de las formas más sólidas de sostener lo comercial en el tiempo.

 

Por Susana Barros Domínguez
Directora Editorial – Punto Trade

LinkedIn: linkedin.com/in/susana-barros-dominguez


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